El viaje a Punta Lavapié
La muerte es un sismo, una tierra partida, un cielo ocupado por rayos. El corazón se rompe. Duele físicamente el corazón y otras partes del cuerpo. Es un dolor insoportable a ratos.
Mi amiga Caro es la mujer más delicada que conozco. Habla bajito, es delgadita, delicada de piel y de sentimientos. Somos amigas a pesar de mi carácter tan expansivo, de mi ego insoportable, de mis imperativos y mis prosaicas formas de hacer cosas que para ella son sublimes.
Me acaba de avisar que su padre falleció anoche después de un tiempo de luchar contra una enfermedad que lo tuvo entrando y saliendo de hospitales y soportando agonías por unos dos años.
Partió rodeado de sus amores. Su hija, su hijo, la madre de sus hijos y su amada esposa.
El fin de semana, un hombre grandote, en apariencia frío y malhumorado, nos relató a nosotros, sus leales actores, el último beso de su papá de 81 años a su mamá muerta. Fue un beso en la frente, y un susurro "Adiós mi amor"
¿Es posible que el amor sea tan largo?
La esposa del papá de la Caro está destrozada. Es una mujer que acaba de jubilar. Tiene toda la vida por delante pero ella solo piensa en irse con su amor, me contó la Caro, que tiene la misión de esperar a que su madrastra deje este mundo para unir sus cenizas a las de él y llevarlas al mar, a Punta Lavapié, una caleta agreste e indiscutiblemente hermosa en el Sur de Chile.
Vaya misión.
Me pregunto cómo será ahora la vida. Cuánto pesa en el destino saber que hay un punto en este planeta inmenso donde has de volver algún día si o si, a cumplir una promesa. Me pregunto cuánto valor tienen las promesas y cuánto tiempo es suficiente tiempo para probarnos a nosotros mismos que somos capaces de trascender a la insoportable levedad del ser que tan majestuosamente describió Kundera.
Guardo entre mis cosas papeles que deben tener más de 20 años, pero 20 años no es nada dice el tango.
¿Qué es para siempre?
La muerte es para siempre.
Y curiosamente ese infinito impalpable, ese existir en la no existencia, es la prueba del sentido de la vida. La vida tiene sentido porque es finita, porque nos despedimos irremediablemente y en ese partir probamos nuestra existencia. Nuestra existencia probada le da sentido a lo que antes no tenía sentido por si mismo. Punta Lavapié es un libro que alguien deberá escribir algún día, el escenario donde será ejecutada una pieza musical, el motivo de filmar una película, el destino de mi amiga Carolina a pesar de todo. Ese lugar al que habrá de llegar no importa donde se encuentre. Tendrá que tomarse un avión, cruzar océanos, trenes, barcos, recobrar caras en el camino de regreso, conocer los ojos de los que ahí llevan años esperando su propio turno. Será ella el Hermes que lleva la única noticia: existimos. Será su voz delicada la que cuente la historia de amor entre los muertos de las ánforas: "se amaron, existieron, uno fue mi padre y me encargó venir hasta este mar a esparcir sus cenizas".
En ese viaje quiero acompañarte Caro, hacerte reir, aventurarme contigo, sentarme a tu lado al atardecer a contemplar la espectacular puesta de sol de la costa de mi país. En la noche buscaremos un barcito donde comer sopaipillas y empanadas fritas. Tomaremos un vino, o unos cuantos vinos y me contarás con tu dulce voz de todas esas cosas que aprendiste en estos dos años de nobleza, de ser la guerrera que eligió poner el pecho y realizar el acto más heróico de todos: acompañar al que sufre, transcender el sufrimiento para comprender, para mirar las piedras preciosas que nos ofrece la vida y que no se pueden descubrir sino en la entrega absoluta. Fue un tiempo valioso, un viaje maravilloso junto a tu padre, y será ese tiempo el que te va a llevar liviana como una pluma a comerte uno a uno y con ganas, todos los frutos que este mundo ofrece.

❤️
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