Diferente


Tuve que luchar para conseguir un cupo en una escuela del estado para mi hijo Atahualpa a causa de la lalta de vacantes. No hay escuela pública para todos.

Creo en la escuela pública porque fue ahí que encontré los valores que considero fundamentales: la inclusión, la libertad de pensamiento, el cuestionamiento.

Mi primera escolaridad en el colegio de monjas fue un constante adoctrinamiento religioso con secuelas que arrastro como un yunque pesadísimo.

Mi hijo no sabe quien es Dios. No le interesa. Nadie intentó explicarselo. Ni su papá y mucho menos yo.

Mi hijo ha crecido sin Dios.

El mundo no se explica, se experiencia, digo yo. No sé explicar el mundo. Me cuesta. Cuesta también responder a preguntas que no han sido formuladas. Ata no preguntaba. Hasta ahora, no hemos vivido la etapa de los porqué... Nuestro hijo no es un niño típico que habla hasta por los codos y dice cosas ocurrentes. Nuestro hijo es atípico, único, especial. Nuestro hijo tiene el don de vivir la realidad de forma personal. Parece tener la capacidad de elegir qué, cómo, cuándo y dónde.

Le gusta lo que le gusta, y lo que no... simplemente no.

He luchado cada paso de mi hijo sin cuestionarme nunca jamás que si posee o no la capacidad de experienciar este mundo. Porque es eso lo que hacemos, lo que hago, lo que él hace tomado aún de mi mano. Experienciamos el mundo y sus maravillas. Mi hijo es capaz de eso y más. De todo lo que quiera.

Sin embargo he tenido que luchar para que tenga lo que necesita. Para que tenga un lugar en la escuela, para que los médicos lo observen, para que el estado reconozca sus derechos, para lograr las herramientas que le ayudarán ser incluído y no excluído de este mundo a causa de su diferencia.

Mi hijo es diferente.

No es como la mayoría de los niños. Y todos los niños son únicos, ya lo sé, pero Ata es diferente. No es como la mayoría. Y eso a veces implica que tengo en casa a un pequeño genio, otras veces a un loco, otras a un incomprendido, otras, a un ser evolucionado, muy por delante de su propio tiempo, y otras, simplemente a un niño que la tiene muy difícil para hablar, y por tanto, para comunicarse. Un niño que se queda sólo en el parque porque no sabe cómo jugar con los demás. Un niño que me necesita y que sí, en un acto de fe digo: “va a estar bien”, aunque estos días me ronde por primera vez la pregunta: “¿Va a poder integrarse a este mundo y sus complejidades ¿Podrá establecer sus propios vínculos? ¿Podrá?”

A los 15 años actué en una obra de teatro que se llama "El Velero en la Botella" de Jorge Díaz, un dramaturgo chileno de teatro del absurdo. El protagonista, David, es un chico que no habla, que vive encerrado en un altillo. Su familia lo desprecia y lo llama mudo, pero David no es mudo. La mucama, una joven llamada Rocío, se enamora de él y le enseña a hablar.

He tenido que esperar por cada palabra de mi hijo. Y me maravillo como se maravillaban esos personajes con cada significado. Y me emociona hasta cuando dice cosas que no debe, como hoy en la mañana que insistí tanto para que se levantara y no llegar tarde a la escuela que me lanzó su primer "dejate de joder mamá"

Abriría las ventanas y puertas del altillo como hicieron Rocío y David para escapar de todas las convenciones. Me pongo mística. Sé en el fondo de mi corazón que este viaje es astral. "Atahualpa es alguien que va a venir a visitarte y va a ser tu hijo" Esa fue la frase que cayó sobre mi frente como un rayo unos meses antes de que me embarazara, antes aún de conocer a quien sería el papá.

La realidad es hermosa, no me malinterpreten. Es real cada segundo de nuestras vidas terrenales de madre e hijo, y las luchas que doy, a las que me entrego para que él esté bien, son tan duras como las batallas de otras madres. Luchamos, peleamos porque con niños en brazos siempre es más difícil y cuesta hacerse y hacerles lugar. Lo feo no es la realidad. Lo feo es la burocracia, los papeleos, las ventanillas, las fotocopias, las exigencias absurdas, las trabas administrativas de un entramado inhumano. Un entramado de máquinas, archivos, carpetas y formularios.

Hoy tuve un día de batallar. Y quedé adolorida, porque se me vinieron encima todas las batallas juntas. Estoy mirando todo lo que hemos avanzado. Lo estoy escuchando a él, tan grande, tan resuelto, tan hermoso y se me vienen al cuerpo todas las batallas, las andanzas, las calles, el calor, los cansancios, los miedos, las angustias, la valentía. Lo tengo todo en el cuerpo. Este cuerpo que me encuentro tan empecinada en cuidar y mimar. ¡Cómo no hacerlo si me ha dado tanta fuerza y tanta vida!

¿Es difícil vivir? No lo sé. Sí aprendí últimamente que la cosa se hace tanto más liviana registrando el presente. Vivir lo que es hoy, aquí y ahora. Que vengan las batallas, que las libraremos una a una, sin sufrir. ¡Somos afortunados! Porque diferente no es malo. Diferente no es falta de salud. Diferente no es deficiente. Diferente es diverso, del latín Diversus, que significa vuelto hacia varias direcciones. Aquí la clave es confiar, es un viaje sin plan de vuelo, como la creación, como el arte, como el amor.

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