Deseos primeros
Tendría unos 12 años, o 13 años y estaba perdidamente enamorada de mi primo, el que me sacó la foto. En el campo los días de verano eran largos y matábamos la horas jugando carioca, con una baraja de naipes inglesa. La tele de tubo en blanco y negro era un placer reservado para toda la familia y a veces, se unían vecinos de parcelas aledañas. Veíamos la teleserie pese a no tener electricidad, gracias a las baterias de litio, las mismas de los autos. No recuerdo un solo teledrama que haya visto en el campo. Estaba demasiado ocupada pensando en mi primo, soñando una y otra vez con su sonrisa de dientes blancos y grandes, con su piel morena como la mia, con sus brazos musculosos, de esos músculos que salen de trabajar con las manos, con la fuerza. Era mucho más grande que yo. Seguramente él lo sabe... que yo estaba enamorada de él aunque nunca se lo dije. Y no, no hay peligro de que lo lea en este blog porque ya sabemos que los blogs no los lee nadie.
Ando pensando insistentemente en qué momento comienza la historia de mi vida, o siquiera la lista de acontecimientos que tengo en propósito revelar algún día de manera oficial. Algo así como: la lista de hombres y mujeres que amé en mi vida. Podría ser incluso más específica: La lista de las personas que quise comer, beber, tocar, saborear, abrazar, degustar, gozar en mi vida.
Voy atrás, lo más atrás que puedo y me encuentro con los brazos morenos y fuertes de mi primo. Vamos al río todos juntos. Caminamos un par de kilómetros por un sendero de tierra rodeado de árboles, arbustos olorosos y pinos. Somos varios chicos y chicas. Yo ando pegadita a su hermana, también mayor que yo pero solo un par de años. Tal vez vengan otros niños, o nos encontraremos con ellos en el río. Hace calor, y al sol quema. Voy a quedar negra negra, porque me bronceo rapidisimo. Mi abuela seguramente me va a pasar la piedra pome por las rodillas, o un trapo, para blanquearme un poco. No se nadar bien pero no me ahogo. El verano anterior me lanzaron y esperaron pacientemente que no me hundiera y saliera a flote. No tuve ni miedo ¿Había acaso otra forma de aprender? Mis trajes de baño viejos, infantiles, mi cuerpo infantil. No tenía con qué luchar por la atención de mi primo, claro que no. El tenía una novia mujer en el pueblo. Seguramente más de una porque era honestamente hermoso. No lo digo porque fuera mi primo. Lo digo porque es verdad.
No tenía con qué. Ni palabras, ni historias para llenar silencio y alimentar fantasías. Ni humor, ni chistes, ni anécdotas. ¿Qué iba a contar? ¿Que había vuelto llorando a casa cuando me pusieron mi primera nota regular en matemáticas? ¿Qué iba a contar? ¿Que había leído un libro donde los protagonistas se desnudaban en el mar y se peinaban "ahí"? Leía demasiado. Me lo pasaba leyendo. Me da un poco de vértigo recordar. Me vértigo encontrarme con los libros, como ahora, que me puse a aspirar otra vez el olor de las hojas, que camino para todos lados con un libro bajo el brazo, que leo, que re leo, que subrayo. Cuando me pongo a leer es inevitable escribir, y escribir sin parar y sin ocultar, porque adornar no se vale. La mentira se huele, se intuye, la mentira me aburre.
No tuve oportunidad, no tenía con qué. Tenía 12 o 13 años y estaba enamorada de mi primo, y en el río inventábamos un juego en donde unos se ahogaban y habia un salvavidas. Nos lanzabamos al agua tarareando la música de Los Guardianes de la Bahía, la serie gringa de los 90. Por supuesto que mi primo era el guardián, y que al momento de abrazarme a su espalda mojada, me iba convirtiendo en una mujer... En la mujer que soy ahora, probablemente y sin exagerar. No he cambiado mucho adentro. No he cambiado mucho por fuera. Tampoco ahora tengo con qué y cuando me siento perdidamente enamorada, de pronto me rio demasiado fuerte, hablo demasiado, miento, porque no tengo con qué y la realidad desnuda es que no tengo nada para ofrecer, porque a la hora del amor no se ofrece, se siente y el encuentro con los ojos del otro es una cosa tan improbable como milagrosa. Y cuando no ocurre, no ocurre. La mentira de la seducción es un sucedáneo, y dura lo que dura un sucedáneo, y tiene el sabor intenso de un sucedáneo. Al contrario del amor, que es un instante infinito en la esquina de una casa, 10 años después... El amor que es el corazón bombeando sangre con furia, caliente, mientras los labios se quedan entreabiertos, livios, temblorosos por culpa de un beso robado.


Que bello escrito quiero seguir leyendo ☺
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