Messenger.

¿Para qué me hablaste? Acaso tiene sentido que nos hablemos cuando te encuentras a 3 mil kilómetros. Existe un océano de por medio. Es peor que eso. Existen tus hijos y mis hijos. 2, 3, 4, 5 hijos. Tantos hijos. ¿Vas a tener más? ¿Te casaste? No quiero saber si te casaste. Gracias a Dios no te sigo en Instagram. Ni en Facebook.
Tengo una vaga idea de la cara de tu mujer. Supongo que eres feliz. Yo también soy feliz, muy feliz, aunque a ratos no pueda evitar recordarte. Aunque a ratos necesite verte en tu estudio y escuchar con vos un disco de Gustavo Cerati. ¿Eran para mí las canciones que con ceremonia me hiciste oír? La inédita, esa que salió en el documental seguro que si. Esa era para mí. 

¿Porque me escribiste? Seguramente te sentiste más viejo y más sólo. No es tan difícil adivinar. Todos nos sentimos más viejos y más solos. Entonces la vida parece recuperarse en la aventura contigo. Vos conmigo, yo contigo. Tampoco es que fuéramos tan plenos pero había algo de esa tensión, de esa falta de confianza, de esas mariposas en la panza anunciando la muerte inevitable de ese presente alterado. Había algo en ese nerviosismo, algo parecido a la juventud y la juventud es vida. ¿Te sentiste sólo? Más viejo. Más viejo siempre significa más solo. Solo de viejo significa sombra. En tu ojos había sombras. En los míos una sarta de mentiras. La verdad es que no existen más mis ojos educados en los tuyos. Es una mirada mentirosa la mía. ¿Porque me hablaste? Me has obligado a mentir. Porque no es justo que sea yo la que deba romper la fantasía.

Lo verdadero es ese piano eléctrico y tus intentos fallidos. La verdad fueron tus manos buscando mis manos, apretándolas. La verdad se te salió del pecho como un suspiro: quiero que esto dure toda la vida. 

En el messenger tu mensaje es una mentira: "Casi me enamoré de vos" ¡Mentira! Me amaste. ¿Crees que no me di cuenta?

Por eso me sorprendió tanto ese día que me saliste con lo de tu noviecita. Sos tan cobarde. Tendría que habértelo dicho esa misma noche en el concierto. Con tu noviecita sentada en primera fila, con tus padres, tus abuelas. Me dejaste hablando con tus abuelas que me contaron tus aventuras de niño de campo. Tu familia resultó ser una familia rica después de todo. 

¿Te acordás de las croquetas de jurel con cebolla? 

Tu familia resultó ser una familia rica. Y tú resultaste ser un oficinista. 

Te lo digo como una acusación. 

Leo y releo tu mensaje en el messenger de facebook. 

Te contesto: ¡Hola Andrés! Tanto tiempo. Me alegra saber de ti. ... te mando un gran abrazo. 

Cierro la ventanita. 
La abro.

Escribo: si sé. Yo también te amé. 

Pero entonces no resisto la tentación y miro tu perfil. Ahí tu última foto. ¡Estás más viejo! Viejo y sólo. Me escribes porque te sentis más viejo y sólo. Y hasta me da ternura. ¡La ternura! ¡Qué peligrosa me resulta la ternura! 

Entoces leo: tengo pasajes para abril. 




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